
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé que cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo”
No tinc massa clar si va ser la apassionada i intima lectura del “Platero y Yo” de Juan Ramon Jimenez que em va fer enamorar dels burros i no parar fins que en vaig tenir un, o bé quan finalment ja el vaig tenir, va ser el meu Platero el que va fer que m’enamores cada dia més del Platero de paper.
El cas és que l’onze de maig de

(*foto de l'esquerra: el Amai, el Platero i jo, a la carpa Haimaginaria)
El que no recordo amb tanta exactitud és quan va arribar a les meves mans el primer exemplar de la popular obra de Juan Ramon; a l’escola potser; jo soc del 65 i aleshores a les escoles encara llegíem coses com aquesta, (aparentment per a "nens", ADVERTENCIA A LOS HOMBRES QUE LEAN ESTE LIBRO PARA NIÑOS..., diu Juan Ramon al pròleg.)
(els joves d'ara creuen que Platero y Yo és un grup de música). Bé, la cosa és que avui 4 de novembre de
(quan ja fa temps que el Platero de la novel·la és mort)
“Platero, cuando, hace un año, salió por el mundo de los hombres un pedazo de este libro que escribí en memoria tuya, una amiga tuya y mía me regaló este Platero de cartón.
¿ Lo ves desde ahí ?
Mira: es mitad gris y mitad blanco; tiene la boca negra y colorada, los ojos enormemente grandes y enormemente negros; lleva unas angarillas de barro con seis macetas de flores de papel de seda, rosas, blancas y amarillas; mueve la cabeza y anda sobre una tabla pintada de añil, con cuatro ruedas toscas.
Acordándome de ti, Platero, he ido tomándole cariño a este burrillo de juguete. Todo el que entra en mi escritorio le dice sonriendo: Platero. Si alguno no lo sabe y me pregunta qué es, le digo yo: es Platero. Y de tal manera me ha acostumbrado el nombre al sentimiento, que ahora, yo mismo, aunque esté solo, creo que eres tú y lo mimo con mis ojos.
¿ Tú ? ¡ Qué vil es la memoria del corazón humano ! Este Platero de cartón me parece hoy más Platero que tú mismo, Platero...”

(foto de l'esquerra: portada de un dels exemplars del Platero y Yo de la meva biblioteca personal. Editat a Buenos Aires)
Si veig que els ulls se’ls hi humitegen, o han d'empassar saliva en acabar, a les hores els hi regalo un exemplar. Però com que sempre hi ha algun amic que me’n regala un a mi i jo mateix miro de comprar tots els que trobo als mercats de vell, aleshores, per això no sé mai quants exemplars conviuen en aquell moment a la meva biblioteca, ni si estat sencers.
Arreveure.
...a més, mai no se'm ha acudit contar-ne quants en tinc, ni penso fer-ho ara.
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